Perú ha sido uno de los escenarios principales del desembarco chino en América Latina de las últimas décadas.
Mientras el país se sumía en sucesivas crisis políticas y hasta ocho presidentes asumían el poder en solo diez años, la inversión y la influencia china han sido una constante al alza que no se ha detenido.
La reciente caída del último mandatario en ser removido del cargo, José Jerí, que lo ejerció por poco más de cuatro meses, tras el escándalo de sus reuniones clandestinas con empresarios chinos, bautizado como “Chifagate”, ha puesto de nuevo de manifiesto el peso que China tiene en Perú.
Y la inauguración en 2024 del megapuerto de Chancay, una gigantesca infraestructura construida con capital chino a unos 80 kilómetros al norte de Lima, con potencial para convertirse en el gran “hub” para la conexión comercial entre Asia y Sudamérica, reafirmó una alianza estratégica que hizo saltar las alarmas en la Casa Blanca de Donald Trump.
El gobierno de Estados Unidos está ahora decidido a revertir la tendencia.

